martes, 27 de junio de 2017

Historias viejas

Revolviendo en mi valijita de consultor ajetreada, casi derruída por el paso del tiempo, me encontré una solución a un problema recién nacido. Lo curioso fue que más allá de la fecha y el logo, no hubo que modificarle prácticamente nada para que funcione...

Entonces, me pregunto: ¿cómo es que una solución ideada aún antes de haber nacido el problema mismo es útil? La respuesta es simple: conforme el progreso, los avances de la tecnología y las nuevos desafíos que nos plantea el mercado, hemos incrementado significativamente nuestra habilidad para crear problemas. Pero no cualquier problema, uno con bluetooth, GPS, y en full HD...

Sin embargo, es pura habilidad y paciencia la interpretación y desmenuzado del problema, para comprobar que, más allá de las estrellitas de colores, su esencia se mantiene. Divide y reinarás, decía hace un tiempo un acertado Maquiavelo, que no tenía idea de la sinergia. Un japonés más piola, Ishikawa, un rato más tarde ideaba una técnica llamada "diagrama de espina de pescado", o más popularmente conocida como "la técnica de los 5 por qués". La técnica tiene 20 años, y sigue resolviendo problemas hasta el día de hoy. Un visionario el tipo. ¿Sería consultor?

Ya que ando de cabeza fresca se me dio por transpolar la idea hacia la vida misma, y dejar un mensaje alentador: cuando enfrentás una dificultad, la primera reacción es sentirse apabullado y buscar una salida fácil, probablemente negándola u ocultándola. Pero, si te centrás en tus conocimientos y capacidades, probablemente puedas desarmarla hasta sus hebras, y atacarla desde la experiencia.

jueves, 15 de junio de 2017

Objetivos


Motivación disfrazada como objetivos. ¿Qué motiva a cada persona a ser como es, o mejor aún, a actuar como actúa? Viejo devanado de sesos que existe desde el comienzo mismo de la historia. Justificante de actividades, de políticas, o de decisiones (en ocasiones de propósito dudoso y extremadamente invasivas) de las áreas de Capital Humano de las empresas.

En distintos órdenes de la vida, perseguimos un objetivo. En el libro de sinónimos podemos encontrar meta, fin, propósito, mandato, conclusión, logro, mérito, y otras variantes más del mismo vocablo. Los hay de variadas dimensiones y plazos. Los hay onerosos y gratuitos. Los hay también ambiciosos y simples. En resumen, nuestra estancia en el mundo de los vivos se traduce en ir saltando entre las rocas que suponen aquello que creemos que es fundamento suficiente para invertir un esfuerzo.

Sin embargo, a veces la persecución resulta más divertida o adrenalínica (si se me permite el término) que el logro del objetivo en sí. La pregunta más difícil de responder luego es: ¿y ahora qué? Hay quienes perciben la obtención como un potenciador, y como contrapartida existen aquellos que caen en cuenta de que no hay más por qué luchar.

En mi opinión, más cerca estaremos de cumplirlo cuando menos tiempo pasemos pensando en ello. Si enfocamos nuestros recursos y capacidades hacia ese horizonte, quizás en derredor ocurran otros hechos, aparezcan otras personas, se manifiesten otros sentimientos, los cuales menospreciaremos e ignoraremos por no ser dignos de nuestro objetivo.

viernes, 9 de junio de 2017

Estructuras Benditas

Tengo 31. Soy Ingeniero. Una carrera exacta (por no decir predecible). Entonces, estoy acostumbrado a que aplicando determinada fórmula llego a un resultado deseado, o sé que si cuento con cierta información, puedo obtener lo que busco. Esto implica que existe un conocimiento inherente con el cual debo contar para poder demostrar mi destreza. Y también implica que el no contar con ese conocimiento, mínimamente me provoca resquemor.

El principal inconveniente se desencadena cuando me concentro demasiado o trato de encontrar una respuesta que, además de ser correcta, tiene que ser lo suficientemente buena para que me conforme. Usualmente ese proceso lleva tiempo, y mientras tanto la vida pasa por delante como un elefante blanco y yo sin darme cuenta.
Se supone que siguiendo una rutina estructurada los sobresaltos se verán limitados a su mínima expresión, por lo cual el trajinar debería ser suave, con desniveles, mas sin pendientes frenéticas que alboroten las hormonas. La placidez es una garantía que trae aparejada una tranquilidad difícilmente capaz de ser derrocada.

Ahora bien, ¿es eso lo que quiero? O mejor aún, ¿es ese mi destino? Afortunadamente, no.

¿Qué pasa cuando, por ejemplo, caminando en busca de tu almuerzo aparece una mujer hermosa, de ojos oscuros, detrás de los cuales sólo vos podés ver la luz? En la mente estructurada, todo lo que contribuya al objetivo es un recurso, y cualquier otro elemento que afecte el cumplimiento del objetivo representa una amenaza (o al menos un imprevisto) y debe ser eliminado. Pero, entonces, ¿qué pasa si la mujer resulta lo más bonito de tu paseo, y tu almuerzo se transforma luego sólo en una anécdota? ¿Dentro de qué parámetro ingenieril caben estas ideas osadas, que no conducen a otro objetivo que una suerte de fascinación?

Más allá del ejemplo ilustrativo, el punto es que en mi opinión no hay una carrera o experiencia que te brinde las herramientas necesarias para el éxito, definiendo al éxito como una persona completa, reuniendo todos los aspectos personales y/o profesionales que puedan existir, y perfectamente capaz de responder a todos los desafíos que se le presenten. Él día que eso pase, nos veremos condenados a un destino plagado de satisfacciones, pero jamás oiremos hablar de la adrenalina. Aún los más estructurados necesitamos (o, me atrevería a decir que buscamos), eso (o esa persona) que patee el tablero y nos muestre el lado prohibido de la vida.

martes, 18 de abril de 2017

Borrador de profesional

Tengo 31 años, soy ingeniero en informática y trabajo haciendo consultoría de Gestión de Servicios. Ayer tuve mi debut oficial en el sexto cliente, y hasta donde sé, no he defraudado a ninguno de ellos.

De cada uno me llevé recuerdos, anécdotas, y algo aún más importante: la gente. Estuve a punto de decir "amigos", pero me contuve porque no faltará quien diga que al trabajo uno no va a hacer amigos, sino a cumplir un objetivo (o más de uno...)

Todo sitio a donde regreso, encuentro quien me recuerda gratamente, y hasta me animaría a decir que le agrado. Todo sitio adonde voy, fomento nuevas relaciones y encuentro así a quien, esfuerzo mediante, me recordará gratamente cuando regrese

Aún así, con todo y vanagloria, enfrento un dilema profesional profundo, desde dos ópticas bien marcadas. En primera instancia, no me siento perteneciente a ningùn lugar, no me hallo. Cualquier silla me resulta incòmoda, cualquier lugar, inapropiado. Empiezo a pensar que el mobiliario y el espacio fìsico poco tienen que ver con el sentir.

Por otra parte, aunque no menos importante, me gustaría estar colaborando desde otro lugar, haciendo otro tipo de cosas. Y con esto no me refiero a hacer souvenirs en porcelana fría, sino a encontrarle el fundamento a mi trabajo.He pasado por situaciones y empresas (o clientes) diversos: desde el compromiso patente hasta la indiferencia màs absoluta, desde el requisito tìpico hasta la inquietud por lo desconocido, desde una idea clara hasta el frenetismo sin sentido. Mas, siento que por lo general, y aunque entiendo que en ocasiones el puesto lo amerita o requiere, estoy cumpliendo deseos en lugar de aportar soluciones. Cada vez identifico más problemas en la calle, me entretengo más a gusto con cuestiones extra laborales. El desafío está descolocado, burlándose de las paredes de la oficina.

Es extraño, particular. Pero estoy seguro de que no es un sentimiento único.

Ojalá algún día, la mente me de tregua, y tenga los avales necesarios para dejar de sentirme un borrador de profesional para pasarme a producción...

lunes, 10 de abril de 2017

Unilateral.

Te quiero. Mucho
Me gustas. Mucho.
Tengo pánico de admitir que quizás te amo.

Hay magia en tus ojos sabrás
Lo que busco en tus palabras
Un secreto descansa entre tus labios
Inquieto.

Los días duelen si no estás
La ansiedad por saber, si me extrañas
Cala un surco profundo en mi alma encendida
Sin embargo, no.

Cada intento torpe falla la diana de tu encuentro
Y además de verguenza siento que algo se destruye por dentro
Un camino directo cuyo escollo principal es la indiferencia
Vacío.

lunes, 20 de marzo de 2017

Mi media naranja

¿Por qué será que al ser amado se lo conoce como la media naranja? Entiendo por qué no se llama el medio limón, pero...

¿Por qué una fruta?
¿Por qué no una hortaliza?
¿Por qué no un mineral?
¿Por qué no un embutido, por ejemplo?

¿Por qué algo material y no algo más profundo, como mi alma o el destino de mis ojos?
¿Por qué justo la mitad, y no el 30 o el 65%?
¿Por qué algo comestible?

Y si te gustan los sabores suaves y no algo dulce y potente como un cítrico... ¿Acaso no podés enamorarte? ¿O sí podés pero tendrías que encontrar tu medio jabón neutro?

En fin, quizás sea porque de la naranja se obtiene provecho íntegramente, tanto desde adentro como desde afuera, se puede disfrutar de varias maneras, es una fruta duradera, es dentro de lo existente algo barato, se puede conseguir en las épocas duras (invierno por ejemplo), es saludable, y, fundamentalmente, no hace daño.

O, quizás, sólo sea un invento de alguien que no se preguntaba tantas cosas hace ya un tiempo...

martes, 21 de febrero de 2017

Desesperaciòn por crecer

Desde pequeños nos han amedrentado con la idea del crecimiento, en todos y cada uno de sus colores y sabores.

  • Cuando niños, debíamos crecer en estatura y tamaño, para ser fuertes, estar sanos, y evitar cualquier enfermedad que osara aprovecharse de la salud de un joven debilucho

  • Unos años más adelante, debíamos crecer en responsabilidades, llevar adelante el secundario excelentemente, dado que era nuestra única ocupación

  • Ya en la etapa de adolescencia, debíamos crecer en carácter, forjando nuestra personalidad, enfrentando las primeras reacciones hormonales, las dificultades, la timidez, el pavor por lo desconocido y nuestro inicio en el emocionante y cruel mundo del amor

  • En los principios de la adultez, se nos presenta la necesidad de crecer profesionalmente, para poder obtener mayores oportunidades, en un mundo frenético donde se rasgan las vestiduras por los talentos, aunque no así por su reconocimiento

  • En la mitad de la vida sentimos un deseo de crecer en familia, de crear un futuro, de tener una descendencia de la cual estar orgulloso en público, pero a la cual no dejar de apuntalar en privado. Sentimos que necesitamos, necesitamos sentir.

  • Adentrándonos en la vejez, ya no queremos seguir creciendo, pero no podemos evitarlo. Vemos el crecimiento en nuestros nietos, y nos damos cuenta de que el tiempo y el ritmo en el que crecimos es muy distante a los cuales ellos crecen.

  • En nuestra última etapa, desearíamos jamás haber crecido.

Destaco por eso que siempre que se nos solicite, o sintamos el deseo de crecer, tengamos claro el horizonte, el porqué, hacia dónde y hasta cuándo. Ya habrá tiempo para preocuparnos por el cómo.

miércoles, 8 de junio de 2016

Aires de Cambio


Un nuevo viejo tema se me viene a la mente esta noche. Es viejo porque ha sido musa de muchos autores y se ha desarrollado en una gran variedad de gèneros literarios. Es nuevo porque me ocurre a mi, en este momento. Ahora bien, si extrapolamos este momento a mi trajinar por la vida, no es mi primer encuentro con una instancia de este estilo. Entonces sería un viejo viejo tema, mas eso sería retorcer demasiado la idea, y no es la idea... En fin.


Qué complicado resulta cuando uno se ve envuelto en una necesidad de cambio. Es complicado porque uno se encuentra cómodo, tranquilo, y se regodea de sus capacidades y las relaciones personales que ha conseguido. Conoce los límites: sabe qué decir y cómo actuar, cuando utilizar la picardía, cuando la destreza, y el momento justo para dar un paso más allá. El temor más grande es el abandono hacia el desafío, dejar todo atrás y partir hacia un rumbo nuevo que te de aquello que el viento de cambio busca imponer (En un escrito anterior hubiera puesto "que te de felicidad". Mi experiencia profesional me enseñó que el cambio es inevitable, y un par de traspiés personales me mostraron que es necesario el fracaso para conocer cómo levantarse. Es por eso que en esta prosa me inclino por un término algo más genérico respecto a la búsqueda -disculpe señor lector si encuentra este gesto algo vulgar-). 

Sin embargo no hay nada más simple que un cambio. No hay nada más fácil. Solamente uno tiene que cambiar, y eso sería todo. No es necesario ser un pensador eximio para denotar que la cantidad de ataduras es inversamente proporcional a la liviandad para tomar una decisión al respecto. Si tan sólo pudieran ponerse todos los factores sobre una balanza de mercado, y el producto resultara un claro desequilibrio en uno u otro sentido, el proceder saltaría a la vista. Pero no. En el primer pesaje todo queda inmóvil, exactamente en el cincuenta por ciento del asunto. Además, la mente hace que el peso de cada factor termine siendo relativo, en detrimento de otro factor más "importante".

Ahora la intriga que me surge es: ¿es difícil cambiar o lo difícil es decidirse por el cambio? 

He oído cientos de veces hablar de motivación, de satisfacción, de mérito y de algunas otras cosas tan impersonales que hasta me generan temor. Es prácticamente inverosímil creer que cada ser humano va a motivarse, sentirse satisfecho u orgulloso a través del mismo método o con la misma premisa y resultado. Justamente, los caramelos que no entran en un primer intento dentro del frasco son aquellos que se recuerdan, aunque más no sea a través de alguna grosería. Los tiempos que corren (velocistas, diría yo) no permiten el análisis puntual a fin de determinar la casuística de la necesidad del cambio. Mucho menos identificar que tras todos intentos abrumadores de persuasión se encuentra una persona. Preocupa aún más cuando los motivos que originan el deseo de cambio se exponen a viva voz (aunque indirectamente, vale aclarar), y quienes deben percibirlos -y uno entiende que están capacitados para ello- continúan hurgando en su gastada cajita de soluciones premoldeadas. 

El mundo cambió. Nosotros también.

martes, 16 de junio de 2015

¿Exabrupto o esencia?


Sólo ser distinto, muchas veces te 
garantiza la gratuidad de los exabruptos.
La descalificación constante se encuentra a la orden del día. Sin importar si eres negro, blanco, rico, pobre, exitoso, fracasado, heterosexual u homosexual, alguien encontrará un motivo para intentar mostrar su superioridad e intentar redimirte a tu mínima expresión.

lunes, 27 de abril de 2015

Loco un poco nada más (foto by http://majospineda.tumblr.com/)

No conoce de fines de semana, feriados o descanso entre turnos. Soporta tempestades, frío extremo, calor agobiante, y embestidas brutales. Aún así no se rinde.

Deja que lo pinten, que lo llenen de graffitis, que lo golpeen y lo insulten... Incluso permite que lo culpen de accidentes, y que lo acusen de estorbo por no estar sincronizado. Estoico, resiste.

De sus funciones, algunos sostienen que organiza, otros que ordena o dirige. Unos pocos dicen que permite o denega. Él no hace más que mutar entre estados definidos, en un intervalo que tampoco puede elegir.

Aún así, sumido en esa vida mediocre, estructurada, impotente y hasta casi depresiva, existe un momento para expresar su rebeldía. Y el tipo enciende reiteradamente su foco amarillo rozagante, mostrándole al mundo que puede cambiar el rumbo si realmente se lo propone.

Aún en la más adversa de las situaciones, puedes torcer el destino.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Cuestión de adaptarse...

Qué situación incómoda cuando necesitás plata y tenés plata, aunque no en el formato correcto.

-Me ha pasado tener ganas de comprar un chicle, y tener sólo la tarjeta de crédito.
-Me ha pasado ver una super oferta, momentánea, y que lo que hay en mi billetera no alcance, teniendo límite pleno en la tarjeta de crédito que dejé en la mesa de luz
-Me ha pasado subir al colectivo, y que me rechacen por no tener crédito en la SUBE, a pesar de tener los bolsillos llenos de crédito.
-Me ha pasado tener $200 de crédito en el celular, y $15 para comer a fin de mes
-Me ha pasado tener crédito en mi cuenta de mercado pago, y que no sea suficiente para comprar nada
-Me ha pasado tener una tele y colchón nuevos, y no tener plata para comprar una casa donde ponerlos
-Me ha pasado tener un cheque de $10000, un día de asueto bancario
-Me ha pasado tener monedas, y enfrentarme a una máquina de golosinas

La impotencia monetaria misma

lunes, 8 de septiembre de 2014

Mural

Si tu vida fuese un mural, ¿qué pintarías en él? Vieja pregunta que acecha mi mente hace un largo tiempo, y amenaza con pasearse en el inconsciente indeterminadamente...

Comprenderás que como todo amante de la literatura (y novato de la escritura) no es una de mis grandes virtudes la paciencia. Y menos aún si se trata del mural.

Como primera instancia, aunque tuvieras a tu disposición una infinita paleta de colores, tu primer muestra de valor sería tomar el pincel. Todos podemos pintar, mas sentir la oportunidad de crear justo en tus manos, suele ser el gran desafío. ¿Cuántos tendrán el coraje de ser los artistas de su propio destino? Quizás te excedas en colores y garabatos, y aún así no logres pintar. Quizás con sólo uno, y no más de dos palabras, sea suficiente para mostrar tu sencillez y humildad.
Si mi vida fuese un mural, yo pintaría un libro. Un libro para mi es un deseo. La forma de mostrarle al mundo lo que quiero, y mejor aún, quien soy. A su lado plasmaría un árbol, frondoso, con tantas ramas como actitudes, con tantos brotes como ideas.

¿Por qué no pintar una escalera al cielo, donde cada peldaño sea un hito y ser solidario el horizonte? Simplemente porque siento que no podrías hacerlo solo. ¿Queda cobre en tu paleta? Necesitas pintar a tu mascota, para modelar tu compañía... Tal vez decidas pintar una pequeña huella en cada escalón, y así asegures que tus padres están contigo. Tal vez el cielo hacia donde la escalera conduce esté plagado de estrellas, una por cada ser querido que necesites.

Una cueva tenebrosa, de perspectivas lúgubres y escabrosas, dejarían constancia de tus miedos. Un bote de un solo remo sería la escena ideal para tus objetivos. Intrincados, muchas veces confusos y prácticamente inalcanzables. Eso sí: no olvides luego, en algún lugar lejano de tu mural, pintar el otro remo...

Aquí tienes una brocha. ¿Te atreves a pintar?

miércoles, 9 de julio de 2014

PGRP

De pequeño solía creer que la felicidad se hallaba en las cosas grandes, en los objetos más voluminosos. Entonces, creía ser feliz al recibir el presente más importante, el juguete de mayor porte, la prenda más onerosa.

 También creía que cuando uno tenía la fortuna de ser feliz (porque la felicidad no era para cualquiera, sino sólo para quien la merecía) tenía que mostrarlo al mundo entero. Es más, si fuera posible, burlar socarronamente a los infelices, pavoneando mi felicidad por delante de sus narices, sin compartirles siquiera una gota.

Además, pensaba que la felicidad era para un momento, no algo cotidiano. Un cumpleaños, una salida al parque de diversiones, una tarde colmada de pochoclos en el cine. Como si fuera necesario proponerla, buscarla, indagar hasta encontrarla y sólo después, sentarse a disfrutarla.


Con el paso del tiempo, pude darme cuenta que la felicidad no es un momento ni un juguete caro. La felicidad está latente, en todo cuanto quiera y pueda pensar, aguardando a ser descubierta. Serán mi pericia o ignorancia las que me permitan o impidan ser feliz.

Comprendí que la felicidad es un intercambio. Si quiero ser feliz, tendré que desprenderme de mi envidia y egoísmo. Hasta podría contar que la felicidad es un horizonte, y cuanto más dinámico sea mi mundo más se alejará. Mas no puedo dejar de intentar alcanzarla.

Si me lo propongo, puedo ser feliz con tan sólo una sonrisa. Si me lo propongo, puedo ser feliz con tan sólo una lágrima. No necesito nada de gran tamaño. Puedo ser feliz alzando a mi bebé, mientras su mano diminuta intenta abrazar mi pulgar enorme. Puedo ser feliz pateando una pelota, meciendo una hamaca, o haciendo la tarea.

Más allá de poder sentirla y disfrutarla, mi lección más importante ha sido que puedo compartirla, y hacer feliz a alguien más.

miércoles, 14 de mayo de 2014

Anomalías temerarias en el 28

Culmina mi jornada laboral. Tomo el autobus de regreso a mi morada. Tal como un día hábil cualquiera, su pasaje se presenta opíparo. Al llegar a una zona de detención, se produce un cataclismo inédito: una horda de execrables sujetos se abalanzan sobre la puerta trasera, intentando ascender a través de ella. Claramente vulneran el indefenso cartel que reza "descienda por atrás". Sin embargo, no se conmueven. Es más, ni siquiera se inmutan. Sólo algunos de ellos esbozan una sonrisa burlona en señal de triunfo. Impávido ante tamaña muestra de desprecio por el propio bienestar y las buenas costumbres, apenas distingo al conductor, quien sordamente esgrime el inicio de una gresca, al indicarles vulgarmente que su modo de proceder no es el correcto. Finalmente, se resigna a la derrota y emprende nuevamente la marcha. Una anécdota más que cuando anciano, trasladaré a mis impúberes nietos ávidos de mundo

viernes, 22 de noviembre de 2013

HOPE.

There is no way
You find the way out
The labyrinth has no ending
no starting and no source 

It doesn't depend on racism
But you keep seeing all your horizon black
No matter how hard you try
Justice hand will reach you, and bring u back

No one seems to notice your glance is lost
falling down from your teary eyes
Nowhere to go, nothing to look at
Even your shadow refuses to cover your back

Wake up and walk
Turn round and assume it is over
As nobody will stop through you and show any pity
Wipe away the crumbs, u need to look sober

lunes, 30 de septiembre de 2013

Invertir para ganar

Suele pensarse que la vida es como un buen vino: cuanto más añeja, más se disfruta; o bien, cuando más interesante se torna, es cuando más cerca del fin está. También es cotidiano escuchar que hubo quien vivió la vida, y quien pasó por ella sin destaque alguno. Ambas apreciaciones están relacionadas a la vieja conocida caja negra, del "pongo esto y saco aquello", pero la relación entre un extremo y otro, no siempre sigue una tendencia lineal y mejor aún, superficialmente, puede parecernos que a pesar de contribuir continuamente al llenado de la caja, ésta jamás se completa ni desborda y, por supuesto, no genera nada.

Entonces, me pregunto: ¿cuánto hay que invertir para ganar? ¿Cuánto hay que apostar para obtener un rédito, cualquiera sea su naturaleza? ¿Es correcto invertir miles para ganar céntimos? ¿Es correcto invertir miles, y "no generar nada"?

Pongamos algunos ejemplos para situarnos más en contexto. Desde el punto de vista temporal, lo más redituable es el trabajo. Uno invierte varias horas (en mi caso, casi cinco) para ir a trabajar. Pero obtiene mínimamente nueve como "beneficio", digamos. En el otro extremo podemos considerar el momento de la cena: sea hecha en casa o producto de una salida, se invierten sendas cantidades de tiempo (o dinero) para lograr un momento que no se extiende más allá de noventa minutos (ciento veinte, si agregamos un café). Desde el punto de vista de la calidad por ejemplo, un club de fútbol compra a un jugador en cien millones de euros, pretendiendo de él... ¿qué? ¿Qué haga ocho goles por partido, de chilena, y jamás se lesione? ¿Pregonar y alardear que cuentan con el más caro del mundo, y que cuando haya elecciones, por eso deben votarlos?. Desde el punto de vista laboral, suele "darse" de uno cuanto se requiere (y siempre está quien dice que "da" mucho más de lo que debería) a cambio de un haber, que generalmente se invierte en -cada vez menos- alimentos y obra social para estar saludable, y muchas veces esos alimentos -organizados de una manera especial- se invierten para generar un momento romántico o con amigos.

Y el ciclo vuelve a empezar. Son diferentes formas de percibir el "ganar"

Se torna más difícil aún cuando el mérito, u objetivo, o resultado, no se puede medir de manera cuantificable. ¿Cuánto esfuerzo podemos invertir para obtener las gracias, o alguna comida rica de la abuela? ¿Cuánto vale una sonrisa? ¿Cuántos buenos días cuesta la confianza?

Para hacerlo aún más intrincado, supongamos que agregamos el momento propicio para invertir. Cien pesos en el momento justo de la bolsa de comercio, pueden hacernos millonarios. Más terrenalmente, el abrazo de un amigo o el "estoy", ante un momento incómodo, suele obtener una gratificación inconmensurable. Durante un accidente, nuestros ojos pueden convertirnos en la persona más valiosa del mundo para el fiscal...

Dejemos de pensar la vida en términos de caja negra. No es tan funcional el asunto.

sábado, 20 de abril de 2013

Charla de Evelinda y Don Pedro

Una tarde cualquiera, en una plaza cualquiera. Un momento, la plaza no es cualquiera. Es una plaza especial, donde comenzó mi amor por ella y que cada vez que la visito revive intacta, como si emergiera de los árboles, la magia que nos une hace ya un tiempo.

Los tres, sentados, hace 5 años y 9 meses, le dimos lugar a una historia inédita: ella, yo, y mi fiel compañero, el mate. Una mesa mansillada por los jóvenes, cubierta por venecitas blancas y negras, simulando un tablero de damas o ajedrez, para visitantes ocasionales. Pintada de verde opaco, o quizás hace algún tiempo brillante, nos invitaba a jugar al amor. Aceptamos.

Me contó de su familia, de sus parientes, de sus mascotas. Margarita Mazapán Manchitas Brisas Arias -el último, el apellido del padre de la gata-, dos pececitos, y Pitucona, una tortuga coqueta perdida casi siempre en el jardín. Pantalón de jean, zapatos sutiles como de bailarina, y una remera blanca, con pequeños estampados marrones y celestes, no revestían importancia frente al brillo de sus ojos.

Esta tarde fue distinta, nada más y nada menos que por su ausencia.

Conseguí lugar después de algún tiempo. A mi lado, en otra compañera musgo de ilusiones, Don Pedro. Ochenta y cinco años, rasgos prominentes y una gorra cómplice para ocultar su calvicie. Ojos claros, cristalinos, incapaces de traición. Manos huesudas y amplias, reflejan el desgaste de incontables años fabriles. Manejan torpemente la sintonía de un radio grabador de edad, buscando una melodía que le recuerde sus tiempos mozos, o simplemente un partido de turno. Su mirada estaba concentrada, fija, buscando en la plaza algo que no le permitiera distraerse de la música.

De pronto, llega ella: Evelinda Cerviño. Setenta y siete años, uñas prolijamente pintadas color carmín, y un peinado de peluquería. Toda su vida trabajó en una fábrica de cigarrillos. Aros delicados, y un anillo de plata que le dejó su mamá..
Las manos grandes apresuradamente disminuyen el volumen hasta apagar aquél aparato intruso, hasta hace segundos el mejor aliado en el combate contra la soledad.

-Estoy con mi hija y mi nietito, aquél de remerita roja. Tiene seis años ya.
-Ah mire
-¿Por qué apagó la radio Don Pedro?
-Porque estamos conversando, sería una falta de respeto.
-Pero capaz escuchamos un tango lindo... Yo cada tanto voy a la milonga. Mi hija siempre me dice "preguntale a Don Pedro si él va, capaz pueden ir juntos", como siempre nos ve conversando. Pero no, digo yo, debe tener que hacer sus cosas.
-¿Y dónde va usted?
-A la sociedad de fomento, ahí atrás de Velez.

...

-Cómo ha cambiado todo Don Pedro no.
-Y si
-Yo cuando trabajaba en la fábrica de cigarrillos, cada una hora, teníamos media de descanso. Nosotras íbamos al baño, nos cambiábamos, y salíamos lindas, con el rulero y todo
-Seguro usted no habrá tenido mucho trabajo
-¿Por qué lo dice?
-(Se sonroja) Porque me parece una buena persona, tiene una linda conversación.
-¿Usted me quiere decir que me ve linda?
-No no, yo decía que...
-Pasa que yo siempre trabajé con gente, entonces me acostumbré a charlar.
-Claro, yo en el balancín mucho no charlaba. Al principio era peón. Pero yo quería ganar plata, para comprar muebles, alimento, esas cosas vio. Fui peón durante tres años. Un día vino el capataz y me dijo "Varela, desde mañana, usted va a la máquina". Y ahí era como si me hubiera sacado la grande...
(Interrumpe la hija)
-Mamá, vení que te quiere saludar Claudia. Es un ratito Don Pedro, ya se la devuelvo.
-Por favor, faltaba más.

La mirada de ese hombre viendo alejarse a su compañera era más que triste, como un perro que ve perderse en el horizonte el auto de su amo, descubriéndose en abandono. Otra vez, casi pidiéndole disculpas al radio grabador, lo enciende. Tenue, casi imperceptible. Se acerca para generar intimidad.

...

-Bueno, vine otro ratito Don Pedro. Es Claudia, una amiga de mi hija. Ella tiene esa camionetita ve, aquella blanca.
-Ah si. Linda. ¿La trabaja?
-Sí. Reparte. Yo siempre le digo que hablo con un hombre, que se llama Don Pedro, en la plaza, y bueno, ahora dijo que venía a saludar.
-Ah, le contó de mi
-Si. No tengo por qué mentir, si vengo a charlar con usted no voy a andar diciendo cualquier cosa
-No, yo no quise decir eso

Nuevamente, su hija interviene en la comunicación:
-Mamá, voy con Claudia y los chicos a comprar facturas. ¿Te quedás un ratito acá? ¿Don Pedro, me la cuida? Ella no puede ir sola hasta la casa.
-Si como no, seguimos conversando otro rato. Vaya tranquila. Yo me quedo acá un poco más.
-Ojo eh, mire el tesoro que le estamos dejando -acota Claudia

Todos ríen. La hija me mira, y me pregunta: "¿A vos te parece?". Sólo encontró mi sonrisa. Nada más me generó esa charla que la felicidad misma. Ojalá hubiera traido el termo grande, para no tener que irme tan pronto.

lunes, 25 de febrero de 2013

Tardes de bondi...

Centrás tu mirada en el horizonte. Allá, en el puntito donde la parte convexa del asfalto se funde con la copa del ombú. Buscás algo antinatural, raro, excéntrico. Algo cuadrado con un número de LED al frente. Por suerte el pronóstico para hoy anuncia cielo despejado y 37 grados a la sombra (beneficio que disfrutan los de la segunda fila, a la cual no pertenecés). Alguien te pregunta: ¿esta cola para cuál es?. Firme, respondés: "para el que va a ford", aunque no tenés la más pálida idea. Finalmente, el humo de la lámpara maravillosa (o de algún escape que no pasó la VTV) se disipa y emerge él, vacío, único, y con la mugre característica de la línea. Porque no sé si se fijaron, pero cada línea tiene su "dibujito" en lo roñoso. Pareciera que el mismo Quinquela que le hizo los firuletes al costado hubiera mojado el dedo índice para destilar un "sucio lavame" llegando al guardabarros trasero. Si en este momento apareciera el genio, sólo querrías uno de tus tres deseos: un asiento libre.

Curiosamente, ese tan ansiado, ese al que vos esperaste tanto, el que tanto te inquietó, ¡te ignora! La gente que empieza a subirse es de otra cola, que también va a ford, pero formada por los que van "libres" al primero que aparezca. Es como la defensa de Boca: hay cuatro que hacen marca personal, y el resto se encarga del que llega ocasionalmente a cabecear. No tenés tiempo de pedir permiso. ¡Se están colando viejo!

"Seis", le indicás al chofer con la misma vehemencia que respondiste al de la cola. El tipo erige levemente la ceja derecha, y desubicadamente te pregunta "¿Hasta dónde viajás flaco?", echando por tierra tu cohartada. "Acá nomás, hasta el puente". Setecientos treinta y cuatro puentes tiene la General Paz. "Seis setenta y cinco" te tira frío, y una risa socarrona denota su triunfo.

Adentro, bolsos, mochilas, bolsas, carritos, celulares, viejas, parecen ser cómplices para impedirte el paso. El flaco del medio jamás se enteró que venías pidiendo permiso. Sus tétricos auriculares expiden un monofónico sonido tropical y no se saca la mochila, que mide como un metro cuadrado. Es el impenetrable del pasillo central. Lo cuerpeás al mejor estilo pilar de rugby, y te mira desafiante, casi que con desprecio.

Abríendote paso llegás hasta casi el fondo, donde un obrero de uniforme de grafa te mira fijo mientras piensa "me tocaste el culo recién". Y vos, por cordialidad, le sonreís, dándole a entender que además de tocárselo te gustó... A pesar de que el invierno pasó hace tiempo, las ventanas gozan de una resistencia magnífica a abrirse. Del aire acondicionado del laburo, al baño turco público.

Cerrás tus ojos y pensás "que pase lo más rápido posible"...

lunes, 18 de febrero de 2013

Hablando en difícil

Los menesteres de la vida me han llevado a expresarme de manera literal, sintáctica y lexicográficamente correcta. El vasto material que leí durante mi carrera, y el material de diversa índole que proceso hoy día, me fuerzan a enfrentar una posición crítica respecto a cuan beneficioso y agradable es respetar aquellas reglas o normas que en su momento, alguien se encargó de redactar, y conseguir los avales correspondientes para ponerlas en vigencia.

Para muchos, hablo en difícil, tarea en desuso para los tiempos modernos. Utilizo condicionales y modo subjuntivo en ocasiones diferentes, porque no todo es "habría", "hubiera" tiene su mérito también...

Dudo de las versiones que presentan los noticieros, y de las víctimas "aproximadamente" muertas o heridas. Me irritan los errores, y más profundamente los míos. Sin embargo, me alegra tenerlos, porque suelen representar oportunidades de mejora tanto personal como profesionalmente hablando. Me molesta además la diferencia de criterio sobre un mismo punto de la misma persona a lo largo de una nota, resumen, documento, etc: por ejemplo, si en la página 2 de un procedimiento escribís "el disco es re-gravable", mantené esa tendencia, no pongas "re grabable" en la página 5 y "re grabavle" en la 7. ¿Me explico?

Me he ganado el odio de otros muchos, que dicen que siempre ando corrigiendo a la gente. Por la misma razón, no suelo ser muy popular o "copado" en los ambientes en los cuales participo. Mas, he generado admiración en otros, porque me imaginan muy formado o culto.

Creo que voy a tener que mejorar (o empeorar), sólo para sentirme incluido.

jueves, 3 de enero de 2013

Amada Mutisia

 Un horizonte puro duerme su lumbre sobre un manto cristalino
Oleaje tímido que mece los barcos armónicamente

Furiosas ráfagas de libertad invaden la tarde
invitando a la luna a un romance tórrido
Libran su batalla frente a los álamos pacientes
Que conocen su triunfo de antemano

Dos cedros añosos acunan al sol
que tarde o temprano se sentirá incómodo y caerá

Una hilera de adoquines se lleva consigo el paisaje
lo oculta donde nadie pueda verlo
Tizna los cercos fronterizos de carbón
y apaga la imagen en la distancia

Walter
31-12-2012
17:53